¿Alguna vez nos hemos puesto a reflexionar en lo corto que nos queda de tiempo para todo? ¿No se ha encontrado alguna vez trabajando tanto para uno mismo y en vez de disfrutar el fruto, más bien ud. disfruta decir: “estoy ocupado”? ¿Nuestros padres los culpables? Quizás, porque nos enseñaron la idea de estar ocupados para tener lo que tenemos (o no tenemos). Agradecidos toda la vida.

Pero ahora detengámonos un momento para pensar. El dedicar tiempo en las cosas que nos tienen ocupados, hace que la vida nos parezca corta. No está del todo bien. Esta es una enseñanza de Séneca: nadie debe haber perdido el balance de la felicidad por estar muy ocupado en los qué-haceres de la vida. Porque esto es vivir durante el día esperando la noche, pero durante la noche, no dormir tranquilo porque detesta el amanecer[1].

También he observado que hay personas que trabajan duro para acumular, pero a su vez, trabajan más duro para retener lo ganado. Es bueno sentirse tranquilo con tener un colchón (económico) como fruto de los esfuerzos; sin embargo, piense en todo momento que hay algo que jamás volverá: el tiempo que ha transcurrido en estos esfuerzos. Así que si tenemos todavía tiempo, hay que preguntarse: Lo que hago en este tiempo ¿es útil en el largo plazo? Mientras respondo esa pregunta; el tiempo de hoy, ¿lo estoy disfrutando? ¿Hacia dónde voy?, ¿Cuándo fue la última vez que llevó a cenar a su abuelita para preguntarle cómo era su madre/padre de niño? ¿Cuándo fue la última vez que llamó a un profesor para darle las Gracias por lo que usted es hoy? ¿Cuándo fue la última vez que sacó una vacación con su hermano o hermana? ¿Cuándo fue la última vez que tomó a su madre de la mano para sentir su calor y notar lo desgastada que está la palma de su mano?

Estas son las preguntas que me han ayudado a optar por andar los senderos del Coaching. Este artículo es una reflexión sobre el juicio del aprovechamiento de nuestro tiempo.

La vida se divide en tres momentos: el que ha sido, el que es, y el que será. El camino que recorrimos ya es conocido, lo que vamos a recorrer es dudoso. Pero lo dudoso, es nuestra elección minuto a minuto, hora tras hora, día tras día. Esa elección se convertirá en su profesión exitosa, la felicidad junto al amor de su pareja, o su salud enérgica y deportiva, o quizás en su afanoso trabajo endeudado, su miserable y egoísta relación tóxica, y las colas en el hospital. Tenga en cuenta que por falta de decisión, algunas personas olvidan el pasado y temen el futuro, estos son, según Séneca, los que vivirán una vida breve, ignorando el presente.

Lo que trato de decir es, aprender a ser consciente del tiempo que tenemos y dedicarse a vivir auténticamente, es el camino a vivir felices. Y vivir felices es decidir. Es dedicar el tiempo en el desarrollo de nuestro talento. Si el talento está en la profesión, entonces el fruto de este talento rendirá lo que necesitamos para vivir (por añadidura) y no se afane si a veces nos rinde “justo” lo que necesitamos para vivir. Porque lo que cuenta, es el fruto que sólo se saborea con el alma.

Ese es el fruto más dulce porque trae gratitud. Gratitud de sentir el concepto del amor en la vida: la familia, el roce de una caricia movida por el corazón de nuestra pareja, de los momentos inolvidables de la amistad sincera y fiel, el sentimiento de devolver algo que recibimos en demasía para darlo a aquél que lo necesita, ya siendo a través de la dadivosidad generosa o la nobleza de enseñar en aulas. En fin, el conjunto de talentos, una vez uno consciente de la existencia de ellos, son las herramientas para definir un propósito de nuestra existencia. Caminar hacia el propósito es la plenitud.

No intento lanzar la primera piedra. Hay demasiada gente que anda ocupada en la vida, me incluyo. Pero existe una diferencia entre las que andan ocupadas sin disfrutar el fruto del talento y los que medimos nuestro tiempo para valorar los frutos, por más pequeños que sean. (Reconozca cuando usted dice “no tengo tiempo en este momento”, cuando la verdad es que no tiene organizada su agenda)

Cuando era niño, reconocí al primer hombre ocupado de nuestras vidas y nunca me olvidé de él. Lo leí en un libro. El extracto dice: “Conozco un planeta donde hay un señor colorado. Este señor jamás sintió el perfume de una flor. Jamás miró una estrella. Jamás amó a alguien. Jamás hizo otra cosa que no fueran cálculos. Y todo el día repite como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!” y eso lo llena de orgullo. Pero para mí no es un hombre, ¡Es un hongo![2] Si ud. leyó ese capítulo del Principito, espero que no me diga que se ha convertido en un hongo. Y si se ha convertido, ¡qué bueno! El primer paso es reconocerlo.

No se trata entonces de concluir que tenemos tiempo escaso, sino comprender que desperdiciamos mucho de ese tiempo en NO vivir. Séneca nos enseña ahí su segunda lección: “la vida es lo bastante larga para realizar las cosas más importantes que se nos ha otorgado con generosidad, si se emplea a bien toda ella”.[3]

En la búsqueda de la construcción de nuestros sueños, a través del buen uso de nuestro tiempo, nuestro regalo, hay que trazar y andar un camino. ¿Cómo iniciar para andarlo? Después de haber estudiado biografías de algunos líderes influyentes, la puedo sintetizar en tres maneras: unos esperan por una señal, otros por una orden y otros hacen el camino al andar. Los primeros esperan mucho tiempo, los segundos son pusilánimes, los terceros tomaron una decisión.

Cualquiera fuera el caso, el camino puede ser sinuoso, largo y sombrío. Nadie asegura un fácil andar. De lo único que puede estar seguro es que, mientras los objetivos no estén fijamente establecidos, uno camina en círculos. Y ahí el origen de su apatía, soledad y depresión. Sin embargo, mientras haya un objetivo fijado, se avanza. Y no importa si los objetivos cambian en el transcurso del tiempo, es normal que cambien a medida que nos conozcamos a nosotros mismos, nos daremos cuenta, más pronto que tarde, que los kilómetros detrás, están en dirección a nuestro propósito. Lo importante entonces es, avanzar con propósito, trazando objetivos en el camino. El propósito no cambia, los objetivos a veces.

La vida es larga para las cosas buenas, pero al mismo tiempo, corta para las vanidades. Lo invito a hacer un ejercicio pensando-fuera-de-la-caja para que me crea:

Asumo, (sólo por gusto, no por tener un objetivo específico en fin) que el promedio de edad de las personas que lean este artículo tienen 30 años. La esperanza de Vida para un boliviano según el Banco Mundial está fijado (para 2016) en 69 años. Si ud. viviera en Chile, tiene 10 años más. Y si en Nueva Zelanda, el país de los “All Blacks”, 82 años.

En honor a un líder influyente que admiro mucho del que injustamente poco se habla, tomaremos la edad del distinguido profesor Jaime Escalante quien falleció a los 79 años en California, Estados Unidos.

79-30 = 49

49 x 365 = 17885.

Redondeemos ese número por pura generosidad a 18000. A usted le quedan 18000 días para caminar hacia el cumplimiento de los frutos de su vida. ¿Es un número alto? ¿Es un numero bajo? Ud. tiene la respuesta. Cierto entonces que el tiempo es relativo. Y más cierto aún es que usted tiene aproximadamente 18000 días, sino menos, para compartir con el amor de su vida. Si no lo ha encontrado todavía, no se preocupe, mañana serán 17999. Si ya lo encontró y ahora está a su lado, registre bien el sentimiento que usted tenga en la primera vacación juntos porque, en la cuarta noche de la vacación número 27 dentro de esos 18000 días, debe procurar vivirla igual que la primera vez. Las discusiones y los errores, cuando son remediables, terminan siendo entonces realmente pequeños bajo esa percepción del tiempo, si el perdón acompaña.

¿Y de la profesión o el trabajo? Le quedan 10220 días para culminar su carrera si se jubilará a la edad legal de 58. Así que, por ejemplo, usted podría dividirlos en 5 etapas (de a 2000 días cada uno) para ir cumpliendo metas específicas como obtener un aumento, cursar una maestría, un postgrado, formar una empresa, escribir un libro de sus memorias, y no se olvide de apartar 44 vacaciones de 5 días cada una para conocer lugares recónditos de nuestra mágica Bolivia u otros países en ese tiempo, si el dinero se lo permite (que hay paquetes para todo!).

Todo queda más claro cuando somos conscientes del tiempo que nos queda. Pero permítame asustarle un poco: 10220 días (la profesión u ocupación) es sólo el 57% de los 18000 días. Por lo tanto, escoger a la persona que va a acompañarnos el tiempo que nos queda, termina siendo, en verdad, la decisión más importante de nuestra vida. Más que la profesión. Descubrir esto, me ha llevado a preguntarme y definir como serían las características de la mujer que escoja para acompañar mi vida (y yo la suya). En este contexto, los atributos físicos terminan siendo menos importantes que las virtudes  intrínsecas de la persona, tales como su espiritualidad, sus metas, sus gustos, el número de hijitos que está dispuesta a tener conmigo, sus pasiones, y posiciones respecto a teorías triviales, que acompañen a las mías. Las respuestas a estas cosas, jamás deben ser cuesta arriba, sino más bien oportunidades para crecer juntos.

Hacerse preguntas como estas, es buscar el propósito. Definir el propósito, es caminar en el desarrollo de nuestros talentos. Descubrir nuestros talentos es establecer hábitos, misión y visión para una vida plena. Y descubrirlos es, con profunda reflexión y Coaching.

De este punto en adelante, no importa lo que los demás piensen de lo que usted hace, pregúntese usted si tiene dirección o no. No importa lo que los demás piensen sobre lo que usted dice,  pregúntese usted si construye o destruye. No importa lo que digan sobre si llegó o no ese alguien especial al corazón, pregúntese si ese alguien acompaña o no a su propósito de vida. Negar el bien y la verdad cuando se ven, es una perversidad intelectual, un mal irremediable.

Para los y las valientes que empezarán andar su camino, me despido regalándoles uno de mis poemas favoritos en este respecto, escrito por William Ernest Henley que terminó siendo, la epifanía sagrada de Nelson Mandela en sus 27 años de cárcel.

Titula: “Invictus”:

“En la noche que me envuelve, negra, como un pozo insondable, doy gracias al Dios que fuere por mi alma inconquistable. Más allá de este lugar de ira y llantos que vigila la oscuridad con su horror. No obstante, la amenaza de los años me halla, y me hallará sin temor, ya no importa cuán recto haya sido mi camino, ni cuantos castigos lleve la espalda, pues soy yo el amo de mi destino, soy yo el capitán de mi alma.”

[1] Seneca. (55 d.C). On the Shortness of Life. Roma.

[2] Antoine de Saint Exupery. (1943). El Principito. Francia.

[3] Seneca. (55 d.C). On the Shortness of Life. Roma, Antigua Italia.

Julio Cesar Villarroel Salvatierra

Ingeniero Petrolero • Docente • Life Coach • Rugbier • Aficionado de la Historia, Aviación y la Música